🧴 Conservación, fundas y almacenaje

Cómo proteger correctamente cada tipo de pieza de Dragon Ball

Conservar bien una pieza no significa simplemente “guardarla para que no se estropee”. En coleccionismo serio, la conservación consiste en reducir el ritmo de deterioro, evitar daños evitables y mantener la pieza estable a largo plazo. En material editorial y gráfico de Dragon Ball esto es esencial porque conviven soportes muy distintos: papel industrial ácido en mangas y revistas, cartones y sobrecubiertas delicadas en artbooks, ephemera frágil como panfletos y leaflets, y materiales mixtos y mucho más inestables como cels de acetato, fondos pintados y dibujos de producción. Las pautas de la Library of Congress, del Northeast Document Conservation Center (NEDCC) y de organismos como el Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH) e ICCROM coinciden en que el entorno, la manipulación y los contenedores de calidad son pilares esenciales de la conservación preventiva.

Índice

Principio básico de ASESCODB

Toda pieza debe protegerse en tres niveles. El primero es el entorno, porque temperatura, humedad relativa, luz y calidad del aire condicionan el envejecimiento de cualquier colección. El segundo es el alojamiento, es decir, la funda, carpeta, caja, archivador o soporte que amortigua roces, polvo, torsiones y contaminación. El tercero es la manipulación, porque muchas piezas no se deterioran tanto por el paso del tiempo como por aperturas forzadas, presión, pliegues, cintas adhesivas, gomas, clips o almacenajes improvisados. El NEDCC destaca que controlar el ambiente es una de las medidas más eficaces para proteger colecciones, y la Library of Congress subraya que una manipulación cuidadosa es una de las acciones más rentables y fáciles de aplicar. En la misma línea, el IAPH define la conservación preventiva como un conjunto de acciones de seguimiento y control de riesgos destinadas a minimizar o evitar el deterioro de los bienes culturales.

1. El entorno ideal: temperatura, humedad, luz y aire

El primer error habitual del coleccionista es pensar solo en fundas y cajas, cuando el verdadero enemigo muchas veces está en la habitación. El NEDCC señala que el calor, la humedad alta, la humedad baja y las oscilaciones bruscas aceleran distintos tipos de deterioro: moho, fragilidad, deformaciones y envejecimiento químico. En papel y cartón, además, la luz visible apaga colores y la radiación ultravioleta acelera el debilitamiento y la fragilidad del soporte. También el polvo, los compuestos volátiles y la mala calidad del aire actúan como catalizadores del deterioro.

Para manga, revistas, folletos y la mayor parte del papel coleccionable, la recomendación práctica es mantenerlos en un espacio fresco, limpio, estable y relativamente seco. La Library of Congress, hablando específicamente de cómics, propone un ambiente fresco o a temperatura ambiente baja, estable y alrededor de 35% de humedad relativa, evitando sótanos, áticos, zonas con fugas y lugares con extremos ambientales. El NEDCC, de forma más general, insiste en la idea clave: más importante que perseguir una cifra mágica es evitar extremos y fluctuaciones continuas.

La luz debe reducirse al mínimo. Esto afecta especialmente a cubiertas, lomos, pósters, panfletos, artbooks a color y fondos pintados. El NEDCC recuerda que el daño por luz es acumulativo, incluso a baja intensidad si la exposición es prolongada, y recomienda no exhibir permanentemente piezas valiosas sobre papel. La conclusión práctica para la colección privada es clara: evitar sol directo, no colocar estanterías frente a ventanas, no usar vitrinas muy iluminadas y no dejar piezas raras expuestas durante meses sin rotación.

La ventilación también importa. El NEDCC recomienda mantener buena circulación de aire, no bloquear salidas de climatización, no pegar las colecciones a paredes exteriores y no almacenar directamente en el suelo. Esto ayuda a evitar bolsas de aire estancado y zonas húmedas donde el deterioro puede acelerarse sin que el coleccionista lo note a tiempo.

2. Fundas, carpetas y materiales de protección: qué sí usar y qué no

No todas las fundas sirven. El NEDCC advierte que los materiales de baja calidad pueden causar daños irreparables y que los contenedores deben estar hechos con materiales químicamente estables. Para papel y libros, recomienda materiales libres de ácido y de lignina, y explica que los papeles y cartones de conservación pueden llevar un tampón alcalino —como carbonato cálcico— para neutralizar ácidos a lo largo del tiempo. Como guía general, un pH entre 7,0 y 8,5 es apropiado para la mayoría de libros y piezas sobre papel.

Para piezas de papel normales —manga, revistas, panfletos, hojas sueltas, guías, leaflets— lo más recomendable es usar fundas o carpetas de calidad de conservación y, cuando haga falta soporte, añadir un cartón o board también de calidad archivística. Si el board o backing board es ácido, acabará transfiriendo acidez al papel que pretende proteger. Por eso, en esta sección del manual, cualquier backing board debe entenderse siempre como board libre de ácido, libre de lignina y de calidad de conservación, nunca como un cartón cualquiera. Esto encaja plenamente con la insistencia del NEDCC en que las carpetas, cajas, intercaladores y boards deben ser químicamente estables.

En cuanto a plásticos, el NEDCC es muy claro: solo tres tipos cumplen en general estándares de preservación para estos usos, polipropileno, polyester y polietileno. También advierte que algunos plásticos inestables liberan subproductos dañinos o plastificantes volátiles que pueden hacer que el objeto se pegue o que los medios se alteren. En otras palabras: no toda funda “transparente” es buena, y en material delicado es preferible comprar a proveedores de conservación o, como mínimo, a marcas que identifiquen claramente el material.

El poliéster transparente tiene ventajas, porque permite ver la pieza y protegerla sin tocarla demasiado, pero también tiene límites. El NEDCC explica que el poliéster genera carga electrostática y puede levantar partículas o afectar materiales con medios poco adheridos; por eso no conviene usarlo con obras donde el trazo o la pintura estén sueltos o sean muy sensibles. Esto es especialmente importante para algunos dibujos de producción, fondos con capa pictórica frágil o piezas con grafito, carboncillo o pintura levantada. Además, no debe cerrarse una funda de poliéster con cinta adhesiva corriente, porque el adhesivo migra con el tiempo y puede dañar la obra.

3. Manga, tomos, kanzenban, guías y artbooks encuadernados

Los libros encuadernados deben guardarse de forma que su propio peso no deforme el lomo ni los cantos. El NEDCC recomienda estanterías adecuadas, fondos suficientes para que el libro no sobresalga y, cuando sea posible, ordenar por tamaño, porque un libro pequeño no soporta bien a otro mayor a su lado. También insiste en evitar malas prácticas al extraerlos: no deben sacarse tirando del borde superior del lomo, sino inclinándolos o liberando espacio a ambos lados.

La regla general para manga y libros de tamaño estándar es guardarlos en vertical, bien apoyados, sin compresión excesiva y sin inclinaciones raras. Un tomo demasiado apretado se roza y se deforma; uno demasiado suelto se vence. Los volúmenes muy grandes o muy pesados pueden guardarse mejor en horizontal, siempre que no haya pilas altas ni presión descompensada. Si una edición tiene sobrecubierta delicada, obi o elementos sueltos, conviene protegerla adicionalmente con una funda de conservación o, si es una pieza más especial, con una caja ajustada o un envoltorio protector hecho a medida.

No debe abrirse un libro más de 180 grados ni doblarse sobre sí mismo. La Library of Congress lo indica expresamente para cómics y revistas, y la recomendación es plenamente aplicable a mangas y guías. Tampoco deben usarse gomas, clips, papeles ácidos como marcapáginas ni cintas adhesivas para “reparar” desperfectos. Este tipo de soluciones aparentemente prácticas suelen empeorar mucho el estado de la pieza con el tiempo.

4. Revistas, cuadernos grapados y serialización

Las revistas y cuadernos grapados son más delicados que un tomo encuadernado. Muchas de estas publicaciones están hechas con papeles industriales ácidos y envejecen peor que un libro de mejor calidad. La Library of Congress lo remarca específicamente para cómics: el papel de pasta de madera y la inestabilidad química hacen que el almacenamiento correcto sea especialmente importante.

Para este tipo de material, la mejor solución suele ser una funda individual con soporte rígido de conservación y luego almacenaje vertical en caja o archivador adecuado. Si la revista es muy frágil o de alto valor, es preferible alojarla de forma que no soporte presión lateral excesiva ni pueda curvarse. No debe mantenerse desnuda entre otros libros más pesados ni en “shelf files” abiertos sin soporte suficiente, porque el NEDCC indica que esos sistemas abiertos dan poca protección frente a luz, suciedad y daño mecánico.

5. Panfletos, folletos, leaflets, programas de mano y ephemera

Este bloque merece un tratamiento más fino que el de un tomo. El NEDCC recomienda para documentos, manuscritos y ephemera usar carpetas libres de ácido y lignina, cajas de archivo ajustadas al tamaño correcto y no sobrecargar carpetas ni mezclar tamaños muy distintos. También aconseja almacenar, siempre que sea posible, materiales del mismo tamaño y categoría juntos, evitando meter hojas sueltas con libros pesados o piezas voluminosas sin separación adecuada.

La solución práctica para panfletos, programas de cine y leaflets de Dragon Ball es una de estas tres:
una funda individual con soporte;
una carpeta archivística dentro de caja;
o un archivador/box de conservación con las piezas separadas por tamaño.

Lo importante es que no queden sueltas, dobladas dentro de libros ni apretadas unas con otras. Si hay pliegues originales de fabricación, deben respetarse; lo que no debe hacerse es añadir pliegues nuevos para “hacerlas caber”. En material frágil o raro, la prioridad es que la pieza permanezca plana, apoyada y sin torsiones.

6. Pósters, láminas y material sobredimensionado

Aquí la recomendación es muy clara: el NEDCC considera que los objetos sobredimensionados están especialmente expuestos al daño y que, cuando sea posible, deben guardarse sin enrollar y en plano, en cajoneras o cajas planas de archivo. Si el objeto es muy frágil, un folder de board más rígido puede aportar soporte adicional.

Para un coleccionista privado, la traducción práctica es sencilla:
si puedes guardarlo plano, mejor;
si no puedes, enrollarlo debe ser la última opción y nunca de forma apretada o permanente;
si está doblado de origen, no intentes “plancharlo” ni corregirlo a la fuerza;
si está expuesto, debe estar lejos de luz intensa y con materiales de enmarcado seguros.

En piezas raras, el almacenamiento plano es muy superior a tenerlas enrolladas durante años.

7. Cajas, archivadores y organización de la colección

Las cajas y archivadores no son un simple contenedor: forman parte del sistema de conservación. El NEDCC recomienda que las cajas sean de calidad archivística, del tamaño adecuado y suficientemente llenas para que el contenido no se venza, usando separadores o spacers cuando haga falta. También sugiere almacenar materiales parecidos juntos y separar objetos pesados de otros ligeros para evitar presiones desiguales.

A nivel práctico, una colección bien organizada debería separarse por familias:
manga y libros encuadernados;
revistas y grapas;
panfletos y ephemera;
pósters y material grande;
cels;
dibujos de producción;
fondos;
extras sueltos.

No es buena idea mezclar en una misma caja un artbook pesado, un panfleto fino, un leaflet suelto y un douga sin soporte. El orden por tamaño y tipo no es obsesión archivística: evita deformaciones, roces y apoyos irregulares.

8. Cels: el material más delicado del conjunto

Los cels deben tratarse como una categoría aparte. No son “papel”, sino material plástico —muchas veces de acetato— con pintura y tinta, y su degradación puede ser muy distinta. El estudio del Getty Conservation Institute y Disney Animation Research Library señala que los problemas más comunes en cels de acetato son ondulación, decoloración y emisión de gases de ácido acético, es decir, la liberación de ácido acético asociada al conocido olor avinagrado. También concluye que reducir temperatura y humedad relativa ayuda a frenar la hidrólisis del acetato.

Esto tiene varias consecuencias prácticas. La primera es que los cels no deben guardarse comprimidos, doblados ni enmarcados de cualquier manera. La segunda es que deben mantenerse alejados de calor, luz intensa y ambientes húmedos. La tercera es que, cuando presentan olor a vinagre, ondulación creciente o pintura inestable, necesitan una vigilancia especial porque ya pueden estar en deterioro activo. No todos los cels viejos “huelen raro” por igual; cuando ese olor aparece junto con deformación y pérdida de transparencia, la prioridad deja de ser estética y pasa a ser estabilizar el entorno y el alojamiento.

Como criterio general para la colección privada, los cels deben guardarse individualizados, bien apoyados, sin fricción directa con otros cels y sin contacto innecesario con materiales de mala calidad. Si están acompañados de douga, fondo o hojas asociadas, el conjunto debe almacenarse de forma que las piezas no se transfieran daños entre sí. El error clásico es “montarlo bonito” con presión o adhesivos; la solución correcta es un sistema estable, reversible y sin tensiones.

9. Douga, genga, layouts, scripts y otros dibujos de producción

Estos materiales son sobre todo obras sobre papel, pero con peculiaridades de producción: perforaciones, anotaciones, grafito, lápiz de color, cintas antiguas o fragilidad localizada. La recomendación general aquí es tratarlos como papel sensible: fundas o carpetas de calidad, soporte suficiente, nada de pliegues nuevos, nada de clips ni gomas y almacenamiento por tamaño. El NEDCC insiste en que los documentos y obras sobre papel deben ir en carpetas y cajas adecuadas, sin sobrellenar y sin mezclar pesos o tamaños incompatibles.

El punto delicado es el uso de poliéster. Puede ser muy útil para proteger y manipular menos la pieza, pero si el dibujo tiene medios poco adheridos o zonas con trazo muy suelto, la carga estática puede convertirse en un problema. En esas piezas más sensibles es preferible un sistema menos agresivo, con carpeta de conservación y buen soporte, antes que una funda transparente inadecuada.

10. Fondos originales

Los fondos deben almacenarse más como obra plana que como simple acompañamiento del cel. Si son grandes o delicados, lo ideal es almacenarlos en plano y con soporte suficiente, evitando enrollados, cintas nuevas, presión puntual y exposición prolongada a luz. Si el fondo está asociado a un cel, eso no obliga a guardarlo físicamente pegado o en contacto directo con él; de hecho, en muchas situaciones es más seguro separar materiales distintos con protecciones apropiadas y mantener la relación del conjunto mediante documentación y archivado ordenado. Esta lógica encaja con las pautas del NEDCC sobre separación por tipo y tamaño, y con la necesidad de controlar mejor los riesgos de materiales mixtos.

11. Separación de materiales y prevención de adhesiones

Uno de los principios más importantes de este apartado es que no todo debe guardarse junto solo porque pertenezca a la misma pieza o al mismo universo coleccionista. El NEDCC recomienda, como principio general, almacenar materiales semejantes juntos y evitar mezclar objetos pesados con otros ligeros o de naturaleza distinta cuando eso genere presión desigual o riesgo físico.

Aplicado a Dragon Ball, eso significa:
no meter hojas sueltas dentro de tomos como “marcapáginas”;
no dejar leaflets rozando cubiertas satinadas;
no apilar cels en contacto directo;
no guardar fondos pintados con presión de libros encima;
no mezclar pósters grandes doblados con panfletos finos en una misma caja.

Muchas piezas no se dañan por un accidente espectacular, sino por años de pequeños errores de convivencia material.

12. Qué no debe hacerse nunca

No deben usarse gomas, clips, cintas adhesivas, pegamentos domésticos ni reparaciones improvisadas. La Library of Congress lo indica de forma expresa para cómics, y el NEDCC lo refuerza en sus pautas de almacenamiento y enclosures. Tampoco debe almacenarse directamente en el suelo, pegado a paredes exteriores, cerca de radiadores o conductos, ni dentro de áticos, sótanos o trasteros con ambiente inestable. Las cajas no deben quedar medio vacías dejando que el contenido se venza, ni las carpetas sobrecargadas creando abultamientos. Y, salvo necesidad muy concreta, tampoco conviene mantener piezas valiosas en exposición permanente.

13. Protocolo básico de conservación para una colección privada

La forma más realista de aplicar todo esto en casa no es montar un archivo profesional, sino crear un sistema sensato y estable. Mi recomendación para ASESCODB sería esta:
primero, elegir una habitación o armario interior con temperatura y humedad razonablemente estables;
segundo, separar la colección por familias de material;
tercero, usar fundas, carpetas, boards y cajas de calidad de conservación;
cuarto, revisar cada cierto tiempo señales de humedad, polvo, deformación, amarilleo anómalo o olor a vinagre en cels;
quinto, reducir la exposición a la luz y a la manipulación innecesaria.

Esto está totalmente alineado con el enfoque de la Library of Congress, del Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE) en su trabajo sobre patrimonio bibliográfico, documental y obra gráfica, del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH) en conservación preventiva, y del NEDCC: estabilizar el entorno, alojar correctamente y manipular con criterio.

Criterio final de ASESCODB

La conservación no empieza cuando una pieza ya está mal; empieza antes, cuando decides cómo la guardas hoy. En Dragon Ball, donde una misma colección puede incluir manga industrial de los noventa, revistas frágiles, panfletos de cine, sobrecubiertas delicadas, cels de acetato y dibujos de producción, no existe una única solución universal. Lo profesional es adaptar la protección al soporte real de cada pieza. La buena noticia es que las bases están claras: ambiente estable, poca luz, materiales archivísticos de calidad, separación lógica de formatos y cero improvisación con adhesivos o almacenajes precarios. Ese es el núcleo de una conservación seria y duradera.

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