Dragon Ball Z2 (Panini, 1993): cerrar un álbum… 30 años después

Rebuscando recientemente entre cajas antiguas en casa de mis padres apareció una pieza que muchos reconocerán al instante: el álbum Dragon Ball Z2 de Panini, publicado en 1993. Un álbum profundamente ligado a la infancia de toda una generación que creció entre quioscos, sobres de cromos y tardes de cambios interminables.

Durante años di por hecho que este álbum estaba completo. Sin embargo, al revisarlo con calma y con la mirada de coleccionista adulto, apareció un detalle revelador: faltaba el cromo número 158. Un pequeño vacío que cambia por completo el estado real de una colección y que muchos entenderán perfectamente.

Tras una búsqueda paciente —muy distinta a la de aquellos años— el cromo ha llegado finalmente a casa. Treinta años después, el álbum puede considerarse, por fin, completo. El cromo permanece aún sin pegar, casi como un símbolo del tiempo transcurrido y de la historia que arrastra consigo.

Desde el punto de vista del coleccionismo, estamos ante una primera tirada española de 1993, impresa en Italia por Panini (Modena), con código de barras original y sin indicación explícita de año ni depósito legal visible, algo habitual en las ediciones europeas de principios de los años 90. Un dato que refuerza su valor histórico dentro del coleccionismo de Dragon Ball en España.

Pero más allá de fechas, tiradas o numeraciones, este álbum representa algo mucho más importante: el cierre de una etapa que quedó inconclusa en la infancia. Porque el coleccionismo no va solo de acumular piezas, sino de recuperar recuerdos, completar historias y reconectar con lo que fuimos.

Ahora queda una última decisión, tan simbólica como inevitable:
¿pegar el cromo y cerrar definitivamente el álbum… o conservarlo tal y como ha llegado, como testigo del paso del tiempo?

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